El 1º de mayo

El 1º de mayo

El 1 de mayo de 1867, el Estado de Illinois introdujo una ley que estableció, por primera vez, el turno de trabajo regulado de 8 horas. Un gigantesco logro, dado el contexto de ese periodo. El mismo día, casi veinte años después, en 1886, obreros de las fábricas de Chicago se declararon en huelga a pesar de que era sábado y un día de mucho trabajo. — ¿Resultado? — Encontronazos con la policía, bombas, disparos a la multitud, una ciudad presa por la neurastenia. Durante la Segunda Internacional, que tuvo lugar en París, en medio de la Belle Époque, se decidió formalizar entre los trabajadores el 1 de mayo como fecha representativa del movimiento para pedir a los gobiernos del mundo la concesión trasversal de 8 horas de trabajo, como sucediera en Illinois. Durante la Segunda Internacional, que tuvo lugar en París, en medio de la Belle Époque, se decidió formalizar entre los trabajadores el 1 de mayo como fecha representativa del movimiento y así pedir a los gobiernos del mundo la concesión trasversal de 8 horas de trabajo, como sucediera en Illinois.

Los mártires de Chicago


Los Mártires de Chicago – (De izquierda a derecha) George Engel, Samuel Fielden, Adolph Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebey August Spies.

August Spies, Samuel Fielden, Oscar Neebe, Michael Schwab, George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons y Louis Lingg, obreros de filiación anarquista fueron detenidos y juzgados bajo el cargo de asesinato y conspiración para cometer asesinato. Fueron condenados a la horca, aunque solo Fischer, Parsons, Engel y Spies fueron ejecutados el 11 de noviembre de 1886. Lingg apareció muerto en su celda y el resto fueron perdonados en 1893 al no encontrar pruebas contra ellos.
Durante el juicio Lingg exclamó: “repito que soy enemigo del orden de hoy y repito que con todas mis fuerzas, mientras tenga aliento para respirar, lo combatiré. Los desprecio. Desprecio su orden, sus leyes, su autoridad apuntalada por la fuerza. Ahórquenme por ello”.
Justo antes de morir, Albert Parsons – el más conocido de los mártires de Chicago antes de que se produjeran las revueltas – pronunció su famosa frase “let the voice of the people be heard!” (¡dejad que se escuche la voz del pueblo¡).

George Engel ante el tribunal que lo condenó a muerte:

Es la primera vez que comparezco ante un tribunal norteamericano, y en él se me acusa de asesino. ¿Y por qué razón estoy aquí? ¿Por qué razón se me acusa de asesino? Por la misma que me hizo abandonar Alemania; por la pobreza, por la miseria de la clase trabajadora. Aquí también, en esta «República Libre», en el país más rico de la tierra, hay muchos obreros que no tienen lugar en el banquete de la vida y que como parias sociales arrastran una vida miserable. Aquí he visto a seres humanos buscando algo con que alimentarse en los montones de basura de las calles.

[…] Cuando en 1878 vine desde Philadelphia a esta ciudad creí iba a hallar mas fácilmente medios de vida aquí, en Chicago, que en aquella ciudad, donde me resultaba imposible vivir por más tiempo. Pero mi desilusión fue completa. Entonces comprendía que para el obrero no hay diferencia entre Nueva York, Philadelphia y Chicago, así como no la hay entre Alemania y esta tan ponderada República. Un compañero de taller me hizo comprender, científicamente, la causa de que en este país rico no puede vivir decentemente el proletario. Compré libros para ilustrarme más y yo, que había sido político de buena fe, abominé de la política y de las elecciones y comprendí que todos los partidos estaban degradados y que los mismos socialistas demócratas caían en la corrupción más completa.

Entonces entré en la Asociación Internacional de los Trabajadores. Los miembros de esta Asociación estamos convencidos de que sólo por la fuerza podrán emanciparse los trabajadores, de acuerdo con lo que la historia enseña. En ella podemos aprender que la fuerza libertó a los primeros colonizadores de este país, que sólo por la fuerza fue abolida la esclavitud y que, así como fue ahorcado el primero que en este país agitó a la opinión contra la esclavitud, vamos a ser ahorcados nosotros.

[…] ¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonen millones […], otros caen en la degradación y la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficios de todos. Vuestras leyes están en oposición con las de la naturaleza y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar […] La noche en que fue arrojada la primera bomba en este país, yo estaba en mi casa y no sabía una palabra de la ‘conspiración’ que pretende haber descubierto el ministerio público. Es cierto que tengo relación con mis compañeros de proceso, pero a algunos sólo los conozco por haberlos visto en las reuniones de trabajadores. No niego tampoco que he hablado en varios mítines ni niego haber afirmado que, si cada trabajador llevara una bomba en el bolsillo, pronto sería derribado el sistema capitalista imperante. Esa es mi opinión y mi deseo, [pero] no combato individualmente a los capitalistas; combato al sistema que produce sus privilegios. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes sus amigos. Todo lo demás merece mi desprecio. Desprecio el poder de un gobierno inocuo. Desprecio a sus policías y a sus espías.

En cuanto a mi condena, que fue alentada y decidida por la influencia capitalista, nada mas tengo que decir.

Tras un siglo, en Europa y en los mismos EE. UU., irónicamente, cuna de la clase obrera revolucionaria, todas y cada una de dichas conquistas obreras están siendo revertidas por gobiernos y demás […] sin casi, casi disparar un solo tiro, ahorcar, usar el garrote vil… De veras ¿¡creen qué lo dicho por Engel, haya dejado de existir y por ende dejar de exigir su cese!?:
[…] ¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonen millones […], otros caen en la degradación y la miseria. 
Quisiera hacer un inciso y mencionar a:
Carlo Giuliani (14 de marzo 1978 – 20 de julio 2001) simpatizante movimiento antiglobalización y asesinado -precisamente- en la cumbre del G-8 Génova, Italia. Desde entonces, todo parece más sutil, ¡todo! Se celebran conciertos en el mundo en recuerdo y se olvidan las luchas y sangre derramada por miles de trabajadores y trabajadoras y de quienes, desde el aciago 1886, son conocidos como “Los Mártires de Chicago“.

— Loli Lopesino

Imágenes: Web

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