Land Grabbing (acaparamiento de la tierra), pobreza y hambruna

A 150 m de profundidad y 50° de temperatura, hombres, mujeres y menores excavan durante diez horas al día para encontrar el metal precioso: ORO. Con riesgo de colapsos, humos altamente tóxicos y en contacto cercano con mercurio y cianuro.

A 150 m de profundidad y 50° de temperatura, hombres, mujeres y menores excavan durante diez horas al día para encontrar el metal precioso: ORO. Con riesgo de colapsos, humos altamente tóxicos y en contacto cercano con mercurio y cianuro. 

Los años de abundancia, la saciedad, la hartura, eran sólo de aquellos que se llamaban amos. Para que venga el pan justo a la dentadura del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos. Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente, los que entienden la vida por un botín sangriento: como los tiburones, voracidad y diente, panteras deseosas de un mundo siempre hambriento. Años del hambre han sido para el pobre sus años. Sumaban para el otro su cantidad los panes. Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes. Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas, cicatrices y heridas, señales y recuerdos del hambre, contra tantas barrigas satisfechas: cerdos con un origen peor que el de los cerdos. (…) Miguel Hernández, El hambre

El peso específico de la hambruna aguda y súbita y de la desnutrición más moderada pero crónica, es inversamente proporcional a la visibilidad y percepción que comúnmente se tiene de cada una de ellas. Las hambrunas representan, sin embargo, solo una ínfima parte del problema. Si las hambrunas han ocasionado entre 70 y 80 millones de muertos durante el siglo XX, el hambre mata anualmente entre 10 y 20 millones de personas (Pérez de Armiño, 2001). La malnutrición crónica tiene reducidas posibilidades de ganarle la batalla a la espectacularidad de las hambrunas;  la versión prolongada y persistente del hambre es definida habitualmente por silente –y silenciada. Susan George y Jon Bennett dicen que la hambruna solo enseña la fase más dramática de las muertes por hambre, cuando la mayoría de las víctimas muere “sin hacer ruido”. –“Hoy en día, en el mundo, se muere con bastante más discreción. La pobreza común, la desnutrición silenciosa, las invisibles carencias alimenticias son mucho más mortíferas que los macabros accidentes que, de vez en cuando, molestan a las conciencias de aquellos a los que nada les falta”. Sophie Bessis (1992: 6).

"La bomba demográfica".

Bomba demográfica.-  La primera teoría defensora del argumento: las hambrunas ejercen una suerte de función reguladora en el aumento incesante y cada vez más rápido de habitantes sobre la Tierra, eliminando el excedente de seres que, si vivieran, se movieran, consumieran […] no harían más que contribuir a la lenta asfixia del planeta, la sostuvo Thomas Malthus, 1798, con Ensayo sobre el principio de la población, libro en el que señalaba las limitaciones de los recursos naturales y la imposibilidad de que pudieran acompañar el crecimiento poblacional. Pero (!) Malthus se equivocaba, como casi el resto: existen actualmente alimentos suficientes para toda la población mundial. La cuestión es inclusivamente señalada como uno de los mitos que rodean el hambre: Por cada país densamente poblado  y con problemas de hambre como Bangladesh, encontramos países como Nigeria, Brasil o Bolivia, donde abundantes recursos alimentarios coexisten con el hambre. (Food First, 2005:4). (…) Las grandes corporaciones monopolizaron los mercados de semillas y lo demás necesario para la agricultura. Los tan celebrados “milagros” en México y Asia ocultan la pérdida del 90 % de la agro-biodiversidad, la reducción masiva de su nivel freático, la salinización y erosión del suelo, el desplazamiento de millones de campesinos a frágiles laderas, la tala de los bosques, y el crecimiento de barrios pobres urbanos. Sin tomar en cuenta a China, la Revolución Verde incrementó la cantidad de comida per cápita un 11 %. Sin embargo, la cantidad de gente con hambre también se incrementó en un 11 % (Holt-Giménez, 2008).

11 de septiembre de 2018, Roma – Los últimos datos dicen que el número de personas que padecen hambre en el mundo continúa en aumento, alcanzando los 821 millones en 2017 -una de cada nueve personas-, según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2018. También se están logrando avances limitados frente a las múltiples formas de malnutrición, que van desde el retraso del crecimiento infantil hasta la obesidad adulta, amenazando la salud de cientos de millones de personas. El hambre ha aumentado en los últimos tres años, volviendo a los niveles de hace una década. La situación empeora en América del Sur y en la mayoría de las regiones de África. La criminalización del hambre – lleva a David Campbell a decir que “podemos ampliar la idea de responsabilidad política y concluir que nada ‘causa’ hambruna: la gente comete el crimen de matar masivamente de hambre”. Jenny Edkins, también comparte opinión con Campbell y defende una concepción de hambruna eminentemente política, cuestionando que el término “hambruna” deba seguir usándose –aunque su eliminación dejaría sin sentido a las organizaciones gubernamentales y no-gubernamentales cuyo trabajo se centra en la alimentación– teniendo en cuenta lo que considera contaminaciones que erróneamente la asocian a “escasez de alimentos”, “fracaso agrícola”,“sequía” o “sobrepoblación”. “¿Por qué insistir en una palabra que no agrada a los que más pueden saber lo que significa, y que solo es conveniente para aquellos que quieren abdicar o disimular su responsabilidad por lo que está pasando?”
 
Cuando llamamos a algo una hambruna parece que no hay nadie a quien culpar; es solo cuando le llamamos genocidio que buscamos culpables. (…) es importante preguntar quiénes pueden ser los responsables por una hambruna, en vez de qué la causó: nada“causó” los crímenes de guerra o de lesa humanidad en Darfur. Las personas cometieron estos actos. Del mismo modo (…) nada “causa” hambrunas: las personas cometen el crimen de hambruna masiva. ¡Concuerdo con ambas al..! 

Todavía, la OIT y demás secuaces persisten en la practica y discursos de carácter hipócrita. En contextos como relatados en este post, –nada del otro mundo por cierto, el post– extremadamente dramáticos y duros para billones de personas en todo el mundo, persiste la voluntad colonizadora […] ¿Por qué la OIT no denuncia el fenómeno “land grabbing”; la destrucción de cualquier garantía en derechos laborales; la obscena concentración de riqueza que se da en el mundo? Se anunció -con bombo y platillos- que en el 2016 se habrían eliminado “las peores formas de trabajo infantil”. Pasó el 2016 y “las peores formas de trabajo infantil no se han eliminado”, todo sigue igual, o ¡peor! si cabe. Día a día, mes a mes, año tras año se cometen crímenes contra la humanidad ‘solo! para que unas pocas sigan ‘apoltronadas’ en sus dominios de poder y privilegios. No obstante, la OIT en el documento “Global estimates of child labour. Results and trends, 2012, 2016”, reconoce que de seguir así, — en 2025 tendremos aún 121 millones de menores en trabajo infantil en el mundo. Es decir: “crónica de fracaso anunciado”. Qué va a hacer la OIT, el mundo político, ante todos estos menores hasta llegar al 2025 (!?) —No hace, ni hará nada.

El mal llamado trabajo infantil es el perfecto chivo expiatorio, encubridor de un modelo de acumulación -devastador- que sigue basándose en la explotación de clase. Desde las “peores formas de trabajo infantil”, sempiterna falacia ético-semántica, para confundir crímenes y delitos como la esclavitud infantil, que esconde el sudor y sangre de los esclavos del siglo XXI, en cualquier sector de la economía, — donde se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, usar y tirar. […] La lógica del capitalismo globalizado, que, como de sobra sabemos y conocemos, sigue produciendo excedentes humanos para no morirse de hambre. Igualmente y volviendo al hilo conductor de este post, quisiera finalizar con el amplio conjunto de normas de derechos humanos y convenios internacionales –de los que también somos conocedoras suficientemente- y que dan fundamento legal al derecho a la alimentación. Entre los más relevantes, se encuentra el artículo 22 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el primer punto del artículo 25, relacionado precisamente con la alimentación; el artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, uno de los que de manera más especifica establece mecanismos de vigilancia en el cumplimiento de las obligaciones de los Estados; los estatutos de la Corte Penal Internacional incluyen la posibilidad del hambre a ser considerado crimen de guerra o contra la humanidad. ¡Pero! anteal menos dos mil millones de hectáreas han sido acaparadas por empresas transnacionales, gobiernos y especuladores, tanto públicos como privados, en Asia, Sudamérica y principalmente en África […] —nada.

Loli Lopesino

  • Imágenes: Web
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