La adoración de las apariencias se paga

pobreza

Las masas estarán siempre por debajo de la media. La mayor edad disminuirá, la barrera del sexo caerá y la democracia llegará al absurdo de dejar la decisión sobre las cosas más grandes a los más incapaces. Será el castigo de su principio abstracto de Igualdad, que dispensa al ignorante de instruirse, al imbécil a juzgarse, al niño a ser hombre y al delincuente a corregirse.

El derecho público fundado en la igualdad se romperá debido a sus consecuencias. Porque no reconoce la “desigualdad de valor”, de mérito, de experiencia, es decir, la fatiga individual: culminará con el triunfo de la escoria y el achatamiento. La adoración de las apariencias se paga.

Henri-Frédéric Amiel. Fragmento de un diario íntimo.
12 junio 1871.

El medio de control más eficaz de una sociedad es dominar su sistema judicial. El derecho y la justicia, en vez de instrumentos sociales como resolución de conflictos, se presentan como esbirros de las relaciones de dominación. En España, la justicia es puesta en entredicho -principalmente- debido al desmesurado número de población que sobrevive sin garantías jurídicas, quedando a merced de la hambruna, del trabajo esclavo la mayoría de veces; en definitiva de innumerables formas de violencia y sin el derecho a tener derechos.

Para el filósofo francés Jean Jacques Rousseau, en su obra “Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres”, la desigualdad social y política no proviene de la voluntad divina ni se trata de una característica natural entre individuos. Para Rousseau, la desigualdad surge como consecuencia de la propiedad privada y de quienes se apoderan de las riquezas del mundo.

El sistema social, que desde la perspectiva kelseniana viene considerado como un orden normativo de regulación del comportamiento humano, no es tal, sino un escenario de caos […] Cuando la población necesita y demanda -forzosamente o no- justicia, se topa una y otra vez con que esta es una justicia de clase, — que aspectos como igualdad ante la ley, certeza y seguridad jurídica no se cumplen inexorablemente; se encuentra con la casi totalidad del reparto social de penas in-equitativo […] Donde el capitalismo y los modelos neoliberales -especialmente- ejercen la explotación de diversos sectores de la sociedad, el derecho es utilizado como una herramienta de legitimación. Quienes lo ostentan, consideran desde su posición que les legitima: “el que no está conmigo, está contra mí”.

El concepto de democracia no deja de ser más que una palabra, un concepto sin materia que se emplea para legitimar y ocultar procesos de dominación y explotación. No existe democracia mientras ésta no sea convalidada por la participación real y activa de la ciudadanía en todos los aspectos que conciernen su vida diaria, máxime cuando afectan sus más elementales derechos de subsistencia y respeto a su dignidad humana.

 

— Loli Lopesino

 

 

Imagen: web

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