Precaria

[…] Algunas décimas de fiebre, todavía; esta mañana sin embargo superaba los 38 ºC. Los bronquios obstruidos, me cuesta encontrar una parte de mi cuerpo que no duela. Resfriado, gripe, la caída por un fatídico tropezón de hace días (¡?) Ni idea. — Sé que hoy tenía que ir a trabajar, porque a una precaria jamás se le perdona. Incluso si nos referimos a un contrato por proyecto y encargo; hipotéticamente significa no poder obligar tanto mi asistencia presencial como el cumplimiento de horarios establecidos tipo 9:00 a 18:00/19:00, por poner algún ejemplo.

A las precarias como yo solo nos queda la esperanza de que la enfermedad se presente durante el fin de semana, así los sábados y domingos -para quienes no trabajen-, servirán para la cura y recuperación plena. Para mí, trabajando en dos lugares, uno con contrato bimestral como tentativo de acabar una posible (?) carrera, -lo que sea para rellenar currículo- y otro cada fin de semana -trabajando en un bar-, procura que mis días tenebrosos resulten menos brutales en la ardua tarea de sobrevivir, que no vivir. — No existe un día apropiado para el derecho a enfermar sin remordimiento de culpa.

Es necesario decir, que nosotras las precarias debemos prestar atención doblemente. Abrigarnos adecuadamente, comer sano -con lo poco y/o nada que podemos permitirnos- porque prevenir la enfermedad es una actividad constantemente comprometida. Ya que si la enfermedad viniese a ti reconocida y achacada directatamente -como si de pecado mortal se tratara-, el riesgo de convencerte de su razón es infinitamente probable; no deber pagarte el sueldo sería debido y solo de manera exclusiva a tus innumerables despistes, falta de responsabilidad intolerable. — Y, ¡atención con el dolor -terrible en muchos casos, mensual- que puede provocar la menstruación!

Obviamente, cuanto más se crece más se enferma, nos volvemos más frágiles, más susceptibles, a cambios de temperatura o a cualquier tipo de enfermedades. No obstante, incluso a mi edad, el cuerpo trata a través de todos los medios a su alcance de avisarme, del cansancio, del estrés, de las defensas inmunitarias […] 

Bien, como decía, esta mañana tras levantarme el termómetro marcaba más de 38 ºC de fiebre. Tomé un fármaco, me dispuse a cubrir mi cuerpo con capas de algodón y lana, preparé un cambio pues sabía que la droga me haría sudar, cogí la bicicleta y me fui a trabajar.

Nada excepcional. Son tantísimas las personas que se atiborran de fármacos -drogas- antes que perder un día de trabajo. Sin embargo el elevado número de personas que se comportan y/o piensan como yo, no se debe al hecho de ser ”algo normal”. Es mucho más que una simple cuestión por falta de consideración — de la que nosotras las precarias y trabajadores en general padecemos.

[..] A esta hora de la tarde me siento mejor. Ya he acabado, estoy en casa, apagaré el teléfono, mañana vuelta al trabajo; en el bar de noche y así todo el fin de semana. Resulta que la agencia todavía no ha pagado y en el bar pagan puntualmente cada domingo noche. Necesito ese dinero; no puedo prescindir de ello.

¿Cuántos seres humanos sobre-viven como yo? ¿Y usted?

Perdonar mi ausente sentido del humor, concederme por favor al menos eso. Hoy, día en que la enfermedad es incómoda, el malestar se convierte en ira, la ira se transforma en vida.

.

*** Nota en un diario de una persona precaria, cualquiera; personaje de pura invención. Cualquier referencia a los acontecimientos, cosas y personas es pura coincidencia. 

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— Loli Lopesino

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