¿Por qué me vigilan, si no soy nadie?

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Alguna frase –significativa, de Marta Peirano, conferenciante del vídeo más abajo: “Qué pasa, que cuando llegaron los nazis ya tenían los deberes hechos”. […] Tenemos que poner cortinas a nuestras casas, no podemos esperar que nos las pongan por fuera; este estado de vigilancia es una de las peores enfermedades que tiene una democracia.

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Estado de vigilancia

Podría haber ‘elegido’ otra conferencia, conferenciante diferente, mucho más reciente […] Creo que daría casi igual. Precisamente, el corazón de esta entrada se encontraría en cada una de vosotras y vosotros, quienes leéis, –os preguntáis y cuestionáis por descontado.

El totalitarismo, elige y prefiere por encima de todo la incredulidad a la fe; el ser humano ideal para el totalitarismo no es el nazi convencido, sino la persona para la que la realidad de la propia experiencia dejó de existir, ni es capaz de distinguir entre ficción y hechos. La novela “1984” de G. Orwell, estupenda, en un momento determinado muestra al protagonista reconociendo -finalmente- que el enunciado 2+2= 5 es verdadero porque la verdad no es lo que el intelecto dice, ni lo que perciben los sentidos, sino lo que el partido dice […] El propósito de la educación totalitaria, —en cualquier ámbito, no es inculcar convicciones, sino anular y destruir cualquier tipo de capacidad para crear alguna. –Recordar: ¡Sí, sois alguien!

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[…] y si alguien quiere ver lo que estáis haciendo, que pida una orden de registro.

— Loli Lopesino

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15 Respuestas a “¿Por qué me vigilan, si no soy nadie?

  1. Esto es completamente lógico con la filosofía política y económica mundial, que está dejando fuera a miles de millones de personas de un modo despiadado. El espionaje es más viejo que el mundo. Ya lo hacían los chinos (El arte de la guerra de Tzun Tsu), lo ratificaba la Biblia (el profeta Isaías), y lo vemos a diario en las redes.

    Entre los medios con que cuentan para no levantar el avispero, además de vigilar y castigar, ( como titulaba Foucault) es amordazar a personas como nosotros, que no tenemos pelos en la lengua, y reflexionamos, ponemos negro sobre blanco, podemos aportar ideas genuinas y lo hacemos con humildad o simplemente nos convertimos en faros para iluminar a los que viven en la más temible oscuridad, denominada “ignorancia”. Somos los que separamos la paja de trigo y que sabemos que no todo es conspirativo ni todo es casual. Hay grados, matices, puntos de quiebre.

    Las personas con mayor grado de exposición saben bien, porque es su trabajo, que tienen que ser muy cautos en lo que dicen porque de lo contrario perderían sus poquitos privilegios y estarían fuera del sistema. Quiero decir con esto que conocen el problema y lo esquivan con arte. Jugar no juegan. Están ahí, y se benefician con su silencio cómplice.

    Pero también saben que en la vida solo sobreviven los más fuertes, y son frecuentes a los embates de su propia inteligencia, la tranquilizan y siguen funcionando operativamente. No son ellos quienes están destinados a cambiar el modelo de exclusión social, aunque se proclamen socialistas, progres, de izquierda y tantas mentiras que se ven desde lejos. Los actores se dividen entre los que están de este lado o están del otro. No tienen mayor posibilidad que ser eso. Se conforman a cambio de prerrogativas nada despreciables (sueldazos, viajes, fama, premios, etc).

    Cito textualmente:
    “El totalitarismo, elige y prefiere por encima de todo la incredulidad a la fe; el ser humano ideal para el totalitarismo no es el nazi convencido, sino la persona para la que la realidad de la propia experiencia dejó de existir, ni es capaz de distinguir entre ficción y hechos.”

    Cierto, pero también es cierto que su opuesto liberal es exactamente igual en ese paradigma donde no se puede distinguir ficción y hechos.

    El penoso caso de enterrar “las cenizas” de Fidel Castro me exime de mayores comentarios. Los entretenedores saben mejor que los operadores políticos que aunque en las películas y en la música se vean los hilvanes del fotoshop y la edición de sonido que demuestra cómo “cocinan” la realidad, el ciudadano que no capta la esencia del poder, seguirá creyendo que el cine es ficción y la vida realidad, y seguirá cinchando por su club de fútbol favorito, por si los toros sí o los toros no, por si Rusia o China, por si Israel o los musulmanes.

    Y uno se esfuerza, no una sino miles de veces, en explicar conceptos, nociones fundamentales: tal cosa es demagogia, tal cosa es nepotismo, tal cosa es república, lo otro es negocio económico, y seguirán sin oír, con los ojos tapados y la vida escurriéndose de sus manos sin ver su responsabilidad en el asunto.

    Besos.
    Lu

    Le gusta a 2 personas

  2. Excelente post… Me recordaste a Foucault y su libro “Vigilar y castigar”… De alguna manera, la prisión ha mutado, su anatomía se ha desplazado y eso como resultado de la ideología paranoide del ~terror~ … Lo que resulta alarmante es que sin siquiera una mínima sospecha se aplique ese dispositivo de vigilancia generalizada.
    Un abrazo, querida Loli. 💗

    Le gusta a 1 persona

    • Efectivamente, querida Aquileana. Funcionan, se multiplican y viven gracias a esa técnica mezquina, cruel y sanguinaria: el terror…

      Siempre funcionó, creo sea de las más antiguas; fuera y también dentro de cualquier ámbito… 😦

      Me alegra inmensamente leerte, cielo. ❤ Gracias, infinitas.

      Besos.

      Le gusta a 1 persona

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