Safo

… como dijo Borges: “Del amor, aquel que en las bocas arde”.

Superduque

Safo (c. 600-? a.C.)

Poetisa lírica griega cuya fama hizo que Platón se refiriera a ella dos siglos después de su muerte como la décima musa. Nació en la isla de Lesbos, probablemente en Mitilene. Aunque no se sabe mucho acerca de su vida, perteneció al parecer a una familia noble y fue contemporánea del poeta lírico Alceo, de quien se supone fue su amante, y de Stesichorus. También se dice que se casó con un hombre rico de la isla de Andros y que tuvo una hija llamada Cleis. Otra leyenda, que no merece credibilidad alguna, sostiene que, tras ser rechazada por el joven marino Faón, se arrojó desde un acantilado en Léucade (una isla de la costa occidental de Grecia). No se sabe cuando murió, pero en sus poemas de última época se describe a sí misma como una anciana que goza de una vida tranquila, pobre, en…

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9 Respuestas a “Safo

  1. Ella es sin duda la poetisa de aquellos tiempos que más fama conserva en nuestros días. Leída o no, muchos asocian su nombre a la isla de Lesbos, la poesía, el amor y la melancolía. La poesía de Safo (también la de Alceo, más canalla) sorprende por la dulzura y la intimidad (“el amor ha sacudido mis sentidos”), características que ayudan a hacerla todavía más digerible a nuestros gustos contemporáneos.

    De veras, estar muerte querría.
    Ella me dejaba y entre muchos sollozos
    así me decía:

    “¡Ay, qué penas terribles pasamos,
    ay, Safo, qué a mi pesar te abandono!”.
    Y yo le respondía:

    “Alegre vete, y acuérdate
    de mí. Ya sabes cómo te quería.
    Y si no, quiero yo recordarte….
    cuántas cosas hermosas juntas gozamos.

    Porque muchas coronas
    de violetas y rosas y flores de azafrán
    estando conmigo pusiste en tu cabeza,
    y muchas guirnaldas entretejidas,
    hechas de flores variadas,
    alrededor de tu cuello suave.
    Y ungías toda tu piel…
    con un aceite perfumado de mirra
    y digno de un rey
    y sobre un mullido cobertor
    junto a la suave…

    suscitaste el deseo…
    Y no había baile ninguno
    ni ceremonia sagrada
    donde no estuviéramos nosotras,
    ni bosquecillo sacro…
    … el repicar…
    … los cantos…

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  2. To Atthis

    Though in Sardis now
    she things of us constantly

    and of the life we shared.
    She saw you as a goddess
    and above all your dancing gave her deep joy.

    Now she shines among Lydian women like
    the rose-fingered moon
    rising after sundown erasing all

    stars around her and pouring light equally
    across the salt sea
    and over densely flowered fields

    lucent under dew. Her light spreads
    on roses and tender thyme
    and the blooming honey-lotus.

    Often while she wanders she remem-
    bers you gentle Atthis
    and desire eats away at her heart

    for us to come.

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