Estancias privadas de muro alguno

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Amore, «nunca dudé de la dulzura que tu boca emana, 
Residente en el más puro blanco de tu alma,
Como dulce para mí entre tu pensamiento fue saberme».
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Sed de ella, continuamente de ti, de interminables días y noches en los que la sonrisa primaba, de carcajadas sin fin. Melancolía del especial alborozo al acabose de nuestro culmine, silencio, del peculiar modo tuyo al hacerme partícipe y cómplice de tu gran ser, tu inestimable existencia. Sed y melancolía que funden mi puzzle del enriquecimiento, aprendizaje, conocimiento (…) Diamantes tallados en mi corazón que protegen y acompañan mi ‘sueño’.
 
Amore, hoy un brillo singular luce en mí gracias a lo que contigo he sido y del cual igual modo me conformo. Soy parte orgullosa de la sinfonía, de nuestra rebuscada y encontrada melodía que siempre nos acompañó, fluyendo de un instrumento musical de viento. Un órgano mágico que al transformar sus notas nos unía –en el cielo, hacía sentir en «estancias privadas de muro alguno».
 
Contigo crecí en la ausencia de respuestas instituidas y condición inherente, me abandoné a los Cuentos, a los Poemas, a la Lectura, a compartir, a la Lucha común y también me prometí a la Luna de abril (…) Dejándome guiar por el instinto llegué un día hasta ti; entonces y hoy, si existe algo en lo que seguir creyendo es que con todo ello y mucho más, –fui inmensamente ‘feliz’.
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— Loli Lopesino
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[Entrada publicada originariamente en el blog “Comienzode0“]
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