No te alejes, ¡aún!

Te susurraba la otra noche
amor mío
aún no te marches.
Cuando nuestras sábanas
calientes por el deseo estaban
cuando nuestros cuerpos
seguían anhelándose.
No te marches musitaba mi boca
la misma que en tantos momentos
te había gustado en la noche
tus sabores, uno a uno de tus laberintos.
 
¿Cuándo llegará el momento 
en que por fin no tendré
que marcharme?
Solo entonces el faro nos aparecerá lejano
y el perfume de la tierra cercano
pero amor, aún necesito
sentir tu goce cada segundo que de ti me resta.

Amor en el cielo dejaremos nuestra impronta 
nosotros que departimos al viento
no amor ¿importa de tu odisea o la mía?
Somos dos almas al unísono.
Amo tus ojos al acaparar los míos
en el antes y después del coito
a la vez que en ellos vivo inmersa
en el pavor de contemplarlos llorosos
tenues de tristeza, sofocados por la impotencia.
Es ahí donde aún advierto tu pánico
haciéndolo mío y tormento
el corazón me aflige, si bien mi amor 
sabemos de esa luna, portadora de luz diversa 
como aquella estrella que seguirá cayendo.
Proseguirán sin desfallecer su elucidar
en la realidad de nuestros sueños
más bellos e innatos deseos.
 
 
— Loli Lopesino. 
 
 
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