Habitación: Número 40.

estrella

Me doy cuenta de que existe algo en un libro que mantiene las páginas entreabiertas. Al abrirlo, encuentro un pequeño lazo de color azulastro. Una página señalada con una serie de palabras envueltas en puntos suspensivos… intento recomponer el jeroglífico, complicado, han sido dejadas acá, allá; sin embargo, soy capaz de advertir su presencia, llegando a vislumbrar la palabra: Raquel. ¿¡Mi nombre!?

Alguna página más adelante, un pliegue… con el número: 40. ¿Cuál será su significado? Cierto, el número de su habitación… regreso, vuelvo atrás, entrando en el hall me dirijo hacia la recepcionista pidiendo información. Muy amablemente, me aconseja coger el lateral derecho del pasillo hasta llegar al ascensor, la habitación se encuentra en el cuarto piso. Subo al ascensor sintiéndome extenuada, como si esos cuatro pisos los hubiese transitado a pie, casi volando… mi corazón no cesa de palpitar, en torno a los ojos percibo un bochorno que se transforma en líquido, una sensación de calor insoportable que inunda mis sentidos.

Por fin, llego a la habitación número 40, llamo, de nuevo llamo, pero esta vez, mi mano se apoya lo suficiente para dejar paso al abrirse de la puerta, tras la madera, deja solo entrever parte de su sonrisa y cogiendo mi mano me acerca a él… despacio, cerrando tras de mí la única salida. Estamos solos, tú y yo. Solos.

HabitacionNumero40Nuestros rostros son ya irremediablemente… puedo sentir su calidez al susurro de la palabra ‘hola’ su boca, es él. El que en todos estos meses ha transgredido mis sueños, instantes breves aunque penetrantes, intensos. Sin tiempo para responder me encuentro con sus manos en mi tez, templadas, tiemblan al menos cuanto yo, lo percibo. Me besa con el rosa fuego de su lengua, con suaves movimientos circulares, pastosos bocados. No se esconde de mis ojos mientras lo hace, ni de gestos tan convulsivos que me envuelven como tormenta. Desviste mi cuello, desabotonando mi camisa sin miramientos, con pocos gestos sus manos se deslizan por mi cintura haciendo resbalar mi falda entubada, soy solo… Aferro su boca con la mía siempre más deseosa, posando mis manos en sus glúteos, reconociendo el sentido de un tiempo plasmado en voraz pasión: ”Te Deseo”.

Su anhelo colma todo mi cuerpo, arrastrándome, sus manos me empujan hacía su ser, me posan sobre el muro cálido al mismo tiempo que retiran mi piel de encaje y seda para dejar en libertad mis senos, recorre rozando cada centímetro de mi vientre hasta llegar a sentir… le atraigo con ímpetu tomando su boca, su sabor a mí. Aferrándome a su cintura le acerco más y más sintiendo ardor, fuego, en una visión casi sublime arqueo la cabeza y cerrando los ojos… lo acojo dentro, en mí: solo entonces apoyo mi faz en su rostro jadeando su nombre, al son de espasmos llenos de excitada pasión seducida… un sólo gesto de mi cuerpo es boceto de lava extremo.

“Tengo que irme, no digas nada por favor, te prometo que volveré pronto, sé donde encontrarte pero por lo que más quieras, tú no lo hagas”.

Raquel.

—Loli Lopesino.

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[Entrada publicada originariamente en el blog “Comienzo de 0” el  28Dic2010]

 Imágenes: Web

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