80.000 mil millones de € al año en armas nucleares. –Actualizado.

“La bomba Zar era una termonuclear y liberó entre 50-60 megatones, la más potente de la historia”.

Así lo afirma un grupo de expertos reunidos en Berlín en desarme y no proliferación. Afirman además, que las armas nucleares suponen una gran carga al erario público puesto que los países que las poseen, sólo en mantenimiento y almacenaje expenden al año 80.000 millones de euros. ¿Alguien realmente puede dudar –al menos de ésto?

 El srilanqués Jayantha Dhanapala ex subsecretario general de la ONU para asuntos de Desarme ha señalado que ”En estos momentos de recesión y crisis económica, las potencias nucleares deberían hacer un mayor esfuerzo para reducir ese gasto”. No obstante, los expertos han constatado un creciente interés en la dotación de armamento nuclear por diferentes países.

 ¿Cuáles pueden ser los supuestos paradigmáticos que justifiquen un programa militar? ¿¡Enemigo lo suficientemente poderoso como para no poder derrotar sin recurrir a las armas atómicas!? Aunque, seguramente no tan poderoso como para poder convertirse en un basurero como país… Por poner un ej; pensemos por un momento en Pakistan e India -dos países con serios conflictos entre ellos- en la disputa de territorios y cuatro guerras en setenta años; éste podría ser el ‘escenario’ por excelencia, un enemigo claro, con un potencial de conflicto constante y nítido. Los expertos, también aquí, señalan que [la tensión ha disminuido, aunque existan serios peligros de que ‘redes terroristas’ puedan hacerse con la bomba sucia]…

arsenales

Pese a la creencia de que Israel en la actualidad posee/dispone de más de 200 armas nucleares [recientemente ha comprado a Alemania submarinos de bajo coste y a los que posteriormente ha dotado de éste tipo de armamento] para el grupo de expertos reunidos en Berlín, éste hecho no supone una mínima preocupación. Por la enésima vez, viene usada la doble vara de medir, pasando por Corea, Pakistán, India, hasta llegar a Irán […]

Con tales argumentos, consideraciones, ¿quién está dispuesto a dejar escapar ocasiones como las que ocupan nuestros días para ‘defender’ y demostrar que al/el mundo entero está plagado de ‘terroristas’ que amenazan sin escrúpulos la paz y el bienestar del país, su ciudadanía?

La bomba atómica hoy

Hoy, sin embargo, el mundo tiene experiencia en lo que significa una explosión atómica. Desde 1945, se han llevado cabo 2.045 ensayos nucleares. El mayor de ellos fue el de la bomba denominada, paradójicamente, ‘Zar’, detonada por la URSS sobre el archipiélago de Nueva Zembla, en el Ártico, con una potencia aproximadamente equivalente a 1.500 veces la de Hiroshima.

Con 7.500, Rusia es el país con más cabezas atómicas, seguido de cerca por EE. UU. con unas 7.100. Hoy el mundo tiene unas 15.695 cabezas nucleares –aunque la cifra exacta es imposible de determinar–, según el Centro Ploughshares, una organización sin ánimo de lucro contra la proliferación nuclear dirigida por el experto en armas atómicas Joseph Cirinccione. Con 7.500, Rusia es el país con más cabezas atómicas, seguido de cerca por EEUU, con unas 7.100. Los últimos ensayos fueron llevados a cabo por Francia, India, Pakistán y Corea del Norte.

Se estima que cada una de las dos grandes potencias cuenta con alrededor de 1.800 bombas listas para ser lanzadas en cualquier momento. En cualquier caso, el número de cabezas atómicas es hoy menos del 25% del que había en el momento álgido de la Guerra Fría, a mediados de la década de los ochenta.

Hoy, al igual que entonces, el eje de la defensa nuclear de las grandes potencias no son los bombarderos o los misiles, a pesar de que éstos ocupan el centro de la imaginación popular, sino los submarinos nucleares, indetectables y que, en el caso de la clase Ohio de EEUU, pueden llevar cada uno más de 200 bombas de Hidrógeno, cada una de ellas con una potencia decenas –o cientos– de veces superior a la de Hiroshima. Aunque, en el caso de EEUU, la clave del programa nuclear no es la potencia, sino la precisión.

Con la bomba bajo la almohada

Setenta años después de Hiroshima, el mundo se ha acostumbrado a dormir con una bomba atómica bajo la almohada. Las bombas nucleares ya forman parte de nuestra cultura. Las pruebas atómicas subterráneas de EEUU en la isla de Amchitka, en Alaska, que provocaron en 1971 el derrumbe de un acantilado en el que criaban miles de focas fueron el catalizador del nacimiento de Greenpeace. Una década y media más tarde, el presidente francés, François Mitterrand, ordenó hundir el barco ‘Rainbow Warrior‘, de ese grupo ecologista, que estaba llevando a cabo una campaña contra las pruebas nucleares francesas en sus colonias –en todo menos en el nombre– en el Pacífico. La central de Chernóbil, que se fundió en la URSS en 1986, tenía entre sus cometidos fabricar bombas atómicas (…) –Seguir leyendo aquí.

— Loli Lopesino.

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Fuentes: Imagen Web

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