Nicola SACCO y Bartolomeo VANZETTI.

Antes del juicio en común, Vanzetti fue procesado por separado y se le sentenció a prisión por su participación en un asalto en Bridgewater el 24 de diciembre de 1919. El juez de este proceso fue Webster Thayer, el mismo que después los juzgaría en Dedham, el 21 de mayo de 1921. “Dado que los testigos son italianos”, instruyó el juez Thayer al jurado en el primer juicio, “no se deberá inferir nada en su contra. Se supone que son honestos, sinceros e inocentes.”

En el juicio llevado a cabo en Dedham, siete testigos del fiscal identificaron a Sacco como uno de los pistoleros de Braintree, y otros cuatro identificaron a Vanzetti. De los doce testigos de la defensa que manifestaron que los acusados estaban en otro lugar el día del asalto y asesinatos, “once de ellos eran italianos”.

Los jurados de clase media, eran predominantemente anglosajones. Uno de ellos manifestó después, -procurando dar dirección al juicio-, que el testimonio contradictorio de cada testigo era anulable. “Pero las balas…”, añadió, “no hay forma de dar la vuelta a esa evidencia.” sac

La fiscalía pudo al fin establecer que las balas y casquillos hallados en la escena del crimen fueron disparados por el revólver que tenía Sacco en el momento de ser arrestado, aquella identificación del arma de Vanzetti como la que se tomó del guardia, fue mucho menos concluyente. Aunque el fallo de culpabilidad del 14 de julio, esperado, no fue el acto final de la tragedia. Miles marcharon en la procesión fúnebre de los ejecutados en Boston, protestando por lo que muchos liberales de EE UU y del mundo consideraron un error de la justicia. Mientras Sacco y Vanzetti permanecían bajo custodia, la defensa reunió durante los años siguientes varias solicitudes para que fuera reabierto el caso. “Todas ellas fueron denegadas”.

En todo el País, en el mundo entero hubo protestas por lo que se consideró como absurdas y persecutorias condenas por creencias políticas impopulares más que por culpabilidad criminal. A finales de 1925 pareció haber una pausa en el caso cuando un tal Celestino Madeiros, (un reo en la prisión de Dedham), condenado a muerte por el asalto de un banco, confesó tener parte en el asalto de Braintree, Madeiros juró que los pistoleros no eran Sacco y Vanzetti, aunque, no pudo hacer un recuento coherente del asalto ni identificar a los otros participantes, Madeiros consiguió ganar dos años de vida antes de que se llevara a cabo su sentencia de muerte. Pero su “confesión” no fué de ninguna ayuda para los esfuerzos legales de Sacco y Vanzetti. En 1927, el profesor en derecho Felix Frankfurter, de Harvard, que después fue juez de la Suprema Corte de Justicia, publicó una indignada denuncia del juicio de Dedham: “Fuera del juzgado campeaba la histeria antirroja… y dominó al proceso.” El alegato de Frankfurter produjo otra ola de protestas contra el veredicto. Cediendo ante la presión, el gobernador de Massachusetts, Alvin T. Fuller, nombró al rector de Harvard, A. Lawrence Lowell, para dirigir una comisión de tres miembros que revisaría minuciosamente el caso. saccoEn otro juicio, (más largo que el de Dedham, -seis semanas y media-), la comisión Lowell leyó la copia estenográfica, llamó a testigos y entrevistó al juez Thayer, al fiscal y al jurado. Conclusión:

Sacco era sin duda culpable y Vanzetti también, aunque la evidencia contra él era “más débil”. El 8 de agosto se negó un aplazamiento de la sentencia de muerte. Hacia la medianoche del 23 de agosto de 1927, Sacco y luego Vanzetti fueron ejecutados en la silla eléctrica.

“!Viva el anarquismo!”, clamó Sacco en italiano. “Soy inocente”, protestó Vanzetti.

La noticia de las ejecuciones inició una ola de disturbios antiestadunidenses.

Desde mediados de la década de 1950, y durante tres décadas, el escritor Francis Russell estudió y escribió acerca del caso Sacco-Vanzetti. En un principio, aceptó la opinión general de que el juicio fue una falsedad y que su sentencia fue un error de la justicia. Pero cuando publicó su primer libro acerca del tema, (Tragedia en Dedham), tomó la postura de que Vanzetti era inocente y Sacco era culpable. Sacco pudo salvar a su colega confesando, pero seguramente sintió que eso sería traicionar al “movimiento anarquista”. En lo referente a Vanzetti, le pareció válido morir, no por un crimen que no había cometido, sino en aras del avance de su movimiento. En noviembre de 1982, Russell recibió una carta del hijo del último miembro sobreviviente del comité de defensa de Sacco y Vanzetti, Giovanni Gambera, poco antes de su muerte, el anciano Gambera confió a su hijo que todos en el círculo anarquista de Boston sabían que Sacco era culpable y Vanzetti era inocente, pero nadie quería romper el acuerdo de silencio, aunque le costara la vida a Vanzetti. “Entre usted y yo”, escribió el joven Gambera a Russell, “ésta es la última palabra.” Años después de la ejecución, una bomba colocada por un grupo desconocido demolió la casa del juez Thayer e hirió a su esposa. El juez estuvo bajo ataques constantes por su imprudente actitud dentro y fuera del juzgado, y por oponerse a la reapertura del caso.

“Si hemos de morir, haced al menos que nuestro sacrificio contribuya a abrir el camino a un mundo en el que no existan más las clases dominantes, sofocando las aspiraciones de la libertad”.

Fueron asesinados — no obstante su inocencia fuese probada gracias a la confesión del verdadero culpable de los delitos por los cuales fueron acusados y condenados; asesinados igualmente porque la sociedad americana quiso penalizar, ver -en ellos- los problemas de pobreza y ansia que los emigrantes italianos provocaron en la gente de la llamada sociedad “bienestante”. 

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Fueron asesinados por venganza, y después de más de ochenta años, — su historia es capaz aún de remover conciencias, resonando como un monitor, contra todo prejuicio, racismo, ese que ciega la mente helando el corazón de la gente.

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— Loli Lopesino.

* Imagenes : Web

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