¡Quiero estar sola! Relato.

 Rosa roja

Se lo decía una y mil veces más. Pero es curioso como la vida te sorprende, te hipnotiza, vierte sus armas vigorosas que cayendo en tu posesión, producen un descontrolado sinfín de exuberantes sensaciones.

Salió una mañana dispuesta a decírselo, necesitaba hablar con el, contarle su ‘secreto’.

Mientras se dirigía al lugar de su encuentro decidió tomarse un café “sola”, antes de dar su “último paso”. Entró en la cafetería con paso firme, pero abatida, pensaba en el momento, en ese instante, en como debería ser, ante cual sería el tipo de reacción que encontraría. Su corazón palpitaba sin cesar, trataba de reflexionar sin apresurarse hacia el momento crucial.

Hacía poco más de un mes que se conocían, Juan le había sorprendido… con su movimiento, su lenguaje, su “lejanía”, en aquel momento estaba segura de que su confín era transparente, cristalino. Reía al pensamiento de poder despertar una sensación, “pasión”, ante cualquier ser, ella misma no lograba, no era capaz de abrir las murallas que se alojaban en su interior; pero Juan le hacía sentirse diferente.

Pasaban la mayor parte de sus horas separados, engatusados cada uno con su propia vida, sin pedirse, sin exigirse nada el uno al otro, aún así la mayor parte del día lo compartían dialogando, conociéndose y… “queriendo estar sola”.

Se sentó en la barra, aún quedaba tiempo para su “temible encuentro”, necesitaba estar sola consigo misma, sin que nada ni nadie pudiera interrumpir su coloquio, su monólogo. Pensar en Juan, en ella, en lo que representaría el peso de su “secreto”. Al mismo tiempo su imaginación volaba, podía verse ubicada en las noches pasadas junto a él, escuchaba su susurro, besos intensos, bellas palabras manifestadas en instantes profundos, miradas fogosas que invitan a juegos.

¡Sus palpitaciones crecían, cada vez más intensas al mirar, al ver pasar las manillas del reloj, y se decía, tranquila, “lo entenderá”!
 

– ¿Buenos días, que le pongo? 

– ¡Buenos días, café con leche por favor!

– Hola, increíble… ¿Tú?

– No puede ser que alegría, ¿cómo estas, qué haces aquí? Te llamé sin éxito tantas veces… 

– ¿Estás sola? Te invito y si no te molesta, me gustaría tomar un café contigo, “tengo unos momentos”.

– Juan, disculpa el horario, lo siento, no puedo acudir, no me encuentro bien, pero: ¡Hablamos!
.-
theend
….
….

— Loli Lopesino.

Imágenes: Web

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