“Una noche más, en pareja”.

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Una pareja cenan con los niños, dialogan sobre el trascurso del día, trabajo, estudios, guardería, facturas, llevar el coche a pasar la revisión, quién de los dos acompañará a los niños […]

Mujer, acompaña a los niños al baño, les indica cómo proceder con el lavado, cepillado de dientes, cabello y finalmente a la habitación. Donde les desviste, pone el pijama, abre las camas diciéndoles: vuelvo en un ratito. Mientras recuerda que debe mandar e-mails, controlar igualmente el correo y apagar el ordenador; espera también su completo apagado y así pasarle con un paño.

Se dirige al comedor donde se dispone a ver la tv con hombre, y al cabo de unos cuantos minutos, mujer dice a hombre: “estoy realmente agotada, me voy a la cama”.

Esta se levanta, y se dirige a la cocina, prepara un descafeinado, (para ambos) una taza de leche caliente, un biberón de manzanilla, saca las tazas y vasos para el desayuno disponiendo cada una de estas en la mesa. Prepara la cafetera, las galletas, cereales, unos cuántos bocadillos como merienda y saca la basura de sus respectivos contenedores.

Apoya en el vestíbulo las bolsas, húmedo… con la firme intención de depositar todo fuera más tarde. Regresa a la cocina, saca del congelador la comida que preparó hace unos días y que servirá de cena mañana noche; seca muy bien la pila de aluminio. Riega las plantas de dentro y fuera, da de comer a los peces del acuario.

Entonces, se dirige al espacio lavandería, saca la ropa de la lavadora, la tiende, y repone una más, (programando ésta para el día siguiente). Recuerda que no había terminado de coser el botón del pantalón del uniforme del niño mayor, mientras recoge los juguetes del pequeño.

Comienza a cerrar persianas, coge el móvil y lo pone a cargar, controlando el dinero en su monedero, prepara la mochila del mayor escribiendo en la agenda una nota para la profesora. Vuelve al comedor y escribe un mensaje a su amiga felicitándole su cumpleaños, recoge las tazas del descafeinado y vuelta a la cocina, lava las tazas, seca de nuevo muy bien la pila.

Bosteza volviendo a insistir: “estoy agotada, me voy a la cama”.

Va al baño, no sin antes coger su camisón, cepillarse y recoger el pelo, lavarse la cara, los dientes, untarse con crema la cara, las manos […] repone la toalla, limpia el lavabo, controla el rollo del papel higiénico, la alfombrilla, mientras escucha: “¡Pensaba que estabas ya en la cama!”.

Claro, inmediatamente.

Vuelve a la habitación de los niños a darles el beso de las buenas noches, los arropa, recoge la ropa y prepara la nueva del día siguiente. Repone el cuento en la estantería, coloca las zapatillas, retira la taza y el biberón. Regresa a la cocina para lavar la taza y el biberón, una vez más, seca con esmero la pila.

Camina hacía su habitación, dispone la ropa para el día siguiente y se mete en la cama, no sin antes preparar el despertador. Escucha a su pareja bostezar, apagar el tv y dirigirse al baño, diciendo al salir: “vaya, mañana me tengo que afeitar”.

Cuando, la luz de la habitación se apaga y el sepulcral silencio anuncia la llegada del sosiego, la paz, un impulso mecánico le sienta en la cama exclamando:

“…¡LA BASURA!”.

— Loli Lopesino.

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